La escritura es la palabra muda

¿A dónde vamos ahora?

Estaba sentado solo, en un bar del centro de Madrid. Fuera en la terraza se estaba muy bien, los primeros rayos de sol habían empezado a iluminar el rostro de los viandantes. Él se encontraba jugando con una servilleta de papel, primero la doblaba por el medio, luego la redoblaba e iba doblando hasta que el grosor era tal que no podía más, después, pacientemente hacia la acción contraria, la desdoblaba poco a poco hasta que la abría de par en par, para poder ver todas las líneas que se habían marcado en la servilleta de papel. Acto seguido, con la mano un poco torpe cogía el pimentero, lo desenroscaba poco a poco y destapaba el bote, posicionaba su nariz al borde del recipiente de cristal y olía suavemente, sintiendo dentro de la nariz el aroma de la pimienta. Alguna vez le había sucedido que había olfateado muy fuerte, inspirando un poco de la especie negra por lo que al instante empezaba a estornudar sin poder parar.

Miraba el reloj de su pulsera, un “Casio”, de los de antes, electrónica pura. Habían pasado cinco minutos de la hora acordada, pero Javi seguía esperando, quieto sin mover los pies, porque las manos no dejaban un momento de tocar todo lo que había encima de la mesa. Algunos minutos los dedicaba al teléfono móvil, otros a manipular las servilletas. Había contado el total de servilletas del interior de un servilletero, su capacidad era de cincuenta unidades por cada lado y luego, pacientemente había puesto de nuevo cada una de las servilletas en su posición correcta, para al coger una, la siguiente quedara a punto de salir.

El camarero lo miraba extrañado, no le gustaba que se sentaran en una mesa, pidiendo solamente un café, sobre todo si hacía más de media hora que el cliente se había acabado el liquido negro. Javi cogió los auriculares con la mano derecha, miró exactamente cuál era el que correspondía a su oreja diestra, “R” “Right” en inglés, se lo metió en la oreja y luego agarró el otro auricular repitiendo la misma operación, pero primero, por si las moscas, observó la letra del lado del auricular “L” “left” izquierda en inglés. El aparato al que estaban conectados los auriculares era un mp3 de los antiguos, porque los modernos ya estaban por el número cuatro, básicamente eran mp4. Observó la pantalla luminosa de color azul y empezó a buscar la canción que tanto le gustaba, la encontró después de mucho rebuscar y pulso la tecla marcada con un triángulo. La canción elegida era de “Guns N’ Roses-Sweet Child O’Mine” una canción típica que empezaba a sonar con un ritmo muy profundo y pegadizo. La guitarra empezó a perforar sus sentidos, la música apareció y su corazón latía al ritmo del sonido del rock.

Con la cucharilla del café pegaba a la taza, muy suave, siguiendo el ritmo de la música, no paraba un segundo de sentir la música dentro de él. De la letra de la canción no entendía nada, por lo que decían era una canción de amor. Lo único que comprendía eran palabras sueltas como “blue sky” cielo azul. Así la espera se hacia mas amena, el camarero parecía estar un poco harto del chico, lo miraba y estaba a punto de intervenir, pero una mano lo detuvo. El dueño del local no quería molestar a la clientela, decidieron esperar a ver que pasaba, si rompía la taza, la pagaría y lo echarían del local, de lo contrario simplemente dejarían que estuviera allí, esperando, porque tarde o temprano llegaría su acompañante.

Javi era rubio, con los ojos azules, en el rostro tenía algunos granos y marcas. No hacia mucho tiempo padeció la varicela y las marcas de los granos perforados por sus uñas se habían quedado en su cara. La nariz era proporcional a la cara, que no era muy grande, totalmente acorde con el cuerpo. Le gustaba el gimnasio, correr, pero de todas formas no le agradaba en exceso marcar músculos. Sus pasiones quedaban enturbiadas por el trabajo, que era lo primero, porque a pesar de haber tomado un solo café cobraba bien en la fabrica donde trabajaba.

Ya no era solo con la cuchara que seguía el ritmo, en ese ínstate se habían unido su mano diestra y su pie zurdo. Todo hacía pensar que acabaría cantando, pero entonces cuando estaba en medio de un solo de guitarra, meneando la cabeza como si estuviera en un escenario actuando para miles de personas, levantó la cabeza y allí la vio, se reía con una sonrisa luminosa de Javi, era Úrsula. Al instante su piel cambio de color al rojo, los mofletes, y las orejas sobre todo. Con una sonrisa saludó y apagó el mp3 pulsando la tecla “off” del aparato, además de quitarse los auriculares de sus oídos. Primero se quitó el izquierdo y luego el derecho, enrollo el cable al mp3 y suspiró. Intentaba alejar la sombra de haber hecho el ridículo delante de ella. La muchacha en cuestión, como se ha comentado antes, se llamaba Úrsula, no era muy guapa, de cara, pero tenia un cuerpo impresionante, era bajita, su cara era gobernada por una nariz grande, aguileña, las paletillas de los dientes eran un poco grandes, pero no exageradamente, si hubiera una escala de dientes de personas según la comparación con un roedor, ella los tendría como un hámster. Su cabello moreno le caía como una catarata hacia atrás, no es que fuera fea, más bien estaba a un punto de conseguir la hermosura, diríamos que era una persona normal, de un lugar que algunos clasificadores de personas denominarían “el montón”. Porque realmente, en la vida había gente muy guapa, fea y un nivel entremedio. Los del medio o “montón” solían ser la mayoría, aspiraban por encima de todo a optar por ser muy guapos por lo que todos se esforzaban para llegar a esa meta.

Ella le dio dos besos, se sentaron uno en frente del otro, Javi levantó el dedo haciendo un gesto al camarero con la cabeza. El camarero pensó “por fin” y se acercó a la mesa.

-  Una Coca-Cola para mí y para ella, un agua con gas.- Javi intentaba parecer serio.

-  Te has acordado que me gusta el agua con gas. - sonrió ella dándole un golpecito suave en el hombro.

-  Por ti lo recordaría todo. - él sonrió, mostrando una dentadura bien alineada.

-  Muy buena. - se rio Úrsula. - ¿Qué escuchabas que estabas tan concentrado en la música?

-  Bueno, un poco de rock “Guns N’ Roses” me gusta escucharlos, aunque no sé qué dicen. – le contó Javi mientras se rascaba levemente con la punta de los dedos la oreja diestra.

-  ¿Qué canción era?

-  Sweet Child O’Mind.- la pronunciación de Javi dejaba mucho que desear.

-  A mí me gusta mucho. - sonrió ella sabiendo que tenían un gusto musical en común.- es una canción que trata del amor, describe los labios, el rostro, el cabello y los recuerdos de su niñez que se despiertan al ver al ser amado. La seguridad, la época dorada de su niñez, aquel lugar feliz del pasado donde no habían normas, ni pesadillas, donde todo era de color de rosa, cuando era de verdad feliz. Todo ello lo vuelve a sentir cuando la contempla a ella, aquella a que ama así que… ¿A dónde vamos ahora?

-  No entiendo…-Javi se quedo desconcertado, si le había atraído un aspecto de la canción era su música, el sonido de la guitarra del inicio. Se quedó pensando, que quería decir esa pregunta, porque habían acabado de hacer su pedido y no quería marcharse de allí corriendo. - ¿A dónde vamos?- preguntó poniendo cara de duda y meneando la cabeza en señal de no entender nada

-  Es el estribillo que aparece al final de la canción, “¿a dónde vamos ahora?”. Supongo que se pregunta a donde pueden llegar los dos juntos o hacia que camino se dirige su relación. - ella se rio, sabiendo exactamente que estaba pensando Javi.

-  Si es una buena pregunta, ¿A dónde vamos ahora? – él nunca se había parado a contemplar esos ojos color miel, esa mirada que le atraía hacia ella y que le hacia sentir como si un sinfín de mariposas revolotearan dentro del estómago, ascendiendo por un sinfín de conductos para poder llegar a salir al exterior por todos los poros de su piel.

Ella lo miró, a los ojos, sabiendo perfectamente las dudas que tenía, la dirección estaba clara solo podían ir hacia un lugar, bueno todo el mundo solo podía dirigirse en una dirección. Ella, adivinando lo que él estaba pensando contestó a la pregunta con una cara sonriente, bajando un poco la mirada por el nerviosismo, por la vergüenza. Mirándolo de nuevo a los ojos y al final respondió con decisión.

-  A donde queramos.

Xavier Obiols Sánchez

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